Aunque muy depurada y a veces abstracta, la pintura de la artista pintora Nadia Vuillaume ha sido clasificada en 2012 por los críticos de arte en la representación figurativa expresiva, incluso neo-figurativa, más o menos alegórica, hasta el cubismo.

Esto puede explicarse por la importancia que ella da a las líneas y a las rectas que estructuran sus campos de colores. La línea lleva la representación y el color el ambiente. Es esa difícil búsqueda de un equilibrio entre línea y color en la que la artista trabaja para ir más allá de la representación sencilla. Hace una profunda exploración de la interioridad de su tema para darle una dimensión espiritual.

Cuando representa un tema, sea vivo o sólo material, nunca se concentra en su representación visual, que es accesible a todos, sino en su historia, en lo que ella percibe. Son sus sentimientos que estarán sobre el lienzo, su sensibilidad.

Cada cuadro es codificado por la línea, el color y a veces por algunos signos la artista deja aquí y allá.

Falta de escribir, Nadia Vuillaume pinta sus dudas, sus aprensiones, sus temores, sus miedos, pero también la esperanza y la alegría. Sus sujetos tienen una alma, una historia y, por un tiempo, una relación con ella. Cado cuadro habla. Sólo es necesario pararse para leerlo. En un mundo cerrado a la escucha del otro, a toda sensibilidad, a toda emoción, la artista pintora Nadia Vuillaume obra para que su pintura conciencie, cuestione, y que abra al diálogo. No es cuestión de juicio, sino de amor, tolerancia, compasión.

La variedad de temas y técnicas abordadas es un rechazo, como artista, de quedarse encerrada en un estilo definido, en una técnica determinada e irreversible donde Nadia Vuillaume no podría sobrevivir.

Su deseo es de superarse, de seguir todos los caminos de la representación pictórica. Nadia Vuillaume avanza y crea, tal una funámbula, sin límite y sin barrera, oscilando entre figuración u abstracción.